Érase una vez una joven que al morir su madre, quedó privada del papel que le correspondía en su familia. Su padrastro Don Magnífico, y sus dos crueles hermanastras, Clorinda y Tisbe, le impusieron la dura responsabilidad de ser la criada, haciéndola trabajar entre las cenizas de los fogones: por eso la llamaban Cenicienta.
Su dura vida cambió el día que llegó a su casa un visitante muy especial. Anunciaba que en palacio se celebraría un baile en el transcurso del cual, el príncipe Don Ramiro escogería a su futura esposa...