
Barbara Hendricks ha sido más una artista de recitales que de escenarios operísticos, aunque en disco haya grabado también óperas que nunca ha cantado en escena. En un repaso a su discografía operística encontraríamos colaboraciones con Karajan, Giulini, Haitink o Marriner. Y por supuesto hay que añadir incontables discos de recitales, dedicados a Mozart, canción francesa, jazz, etc.
La voz de Barbara Hendricks parecería a priori poco indicada para repertorios como Mozart o el Lied alemán, pues es oscura y con una dicción no perfecta; a cambio, encontramos una voz carnosa, próxima, perfectamente afinada, y de gran dulzura. Cualidades más que suficientes para labrarse una carrera en estos difíciles campos, en los que la comparación con los grandes nombres del pasado es inevitable.
Crítica: El placer y el dolor de la memoria